De repente el viajero se encuentra bajo la atenta mirada del Hoodoo. Inexplicablemente siente una necesidad imperiosa de bajar a las entrañas de las piedras que parecen seguirse en forma de caravanas ancestrales. Mientras desciende, la oscuridad le va alcanzando hasta cubrirle el corazón. Entonces es cuando su alma se encoge y los susurros de los Hoodoos penetran dentro de ella enseñándole múltiples imágenes del pasado, del presente y del futuro. El viajero se siente prisionero de su propia vida y de la propia historia del Mundo. Finalmente se da cuenta de la maldad que hay en el ser humano y de los errores cometidos desde el principio de los tiempos. Siente un deber en su persona de redimir sus pecados y una inmensa necesidad de difundir lo que había aprendido en tan poco tiempo.
Al fin, los Hoodoos liberaron su alma al darse cuenta de que había aprendido la lección y empezó a subir de nuevo hasta que los rayos del astro rey le dieron calor a su cuerpo nuevamente. Ya en la cima, volvió su rostro una última vez hacia la belleza que dejaría tras de sí..















